Parlotear por Parlotear: Seguimos siendo los Mismos…

Seguimos siendo los mismos…

Por Paulo Sandoval

 

Parase definitivo para el propósito, porque así son las familias en estos días y hacerse los ciegos no sirve, ni como aspirina para un dolor de cabeza. Bueno, es un hecho que ser los mismos tiene sus pros y contras, pero que no los tiene, la religión lo tiene y Jesús también las tuvo, por lo menos bajo el hecho de que desquiciados temerosos lo torturaran y crucificaran por decir lo que todos sabemos que dijo.

 

Lo razonable y lo irracional van de la mano jugando con nosotros, buscando que no nos durmamos de aburrimiento, que despertemos de la lata de lo cotidiano, lógicamente gracias a lo bueno y lo malo. Esto lo veo representado en mi familia, que no creo sea una exclusión del fenómeno familiar mundial, lo veo en las acciones de todos los miembros, que ejecutan a la perfección sus personajes haciéndolos atractivos al ojo del escritor. Lo veo en la abuela, que deambula por las sillas de la casa, opinando de todo y de todos, que ríe de lo más sutil, en especial de los caballeros que caen al suelo por falta de habilidad con sus movimientos, que nunca deja de estar al corriente del chisme y de las visitas, dando su aprobación o negativa a su posible vuelta a esta casita, como si fuese patrona de fundo, como si nos hubiera engendrado a todos.

 

Lo veo también en mi hermano que es el correcto ejemplo para los hombres en esta casa pero que a pesar de eso, pasa menos tiempo en ella que cualquiera, ya que como celebridad, debe repartir su tiempo entre los estudios, su polola que parece novia, esposa y madre; y los limosneros de su antiguo hogar.

 

Lo veo en los padres que son antónimos casi en la perfección, pero que como milagro de televisión se aguantan y soportan como los siglos al hombre. Mi padre con el error sobado y resobado que se aprende con los años y que sigue aprendiendo como erudito o semi profeta del caos, siendo un perro solo, que necesita de la soledad para ordenar su cabeza, que se enreda con mayor facilidad que el hilo de un volantín en las manos de un niño, pero que sin ser un gran salvavidas, te socorre como un buen especialista en calamidades.

 

Y mi Madre, columpiada en las nubes con un kilo de velas prendidas por cada uno, para que nos cumpla sus cotidianos milagros, que a pesar de su neurosis estrafalaria y su apetito por el conflicto sin sentido, nos tiene a todos orando para que nos salve eso que nos queda de alma.

 

Y al final yo, quien depende de todos, pues de esto si estoy seguro, los que nos sujeta no es la simple sangre, sino esos momentos salados y dulces que nos decoran para nunca olvidar el sabor de nuestras vidas, el sabor de nuestro amor, el sabor de eso, que nos hace “seguir siendo los mismos.”

 

Anuncios

Deja un comentario

Aún no hay comentarios.

Comments RSS TrackBack Identifier URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s