Parlotear por Parlotear: “La Democracia del Hombre”

La Democracia del Hombre.

Por Paulo Sandoval

Puede ser que realmente somos conformistas, simios evolucionados y elegantes, que siempre podemos aceptar una sumisión más, un dolor más, una nueva ley de conducta…

¿Por qué siempre esperamos que las cosas se solucionen por ellas mismas, y nunca, nunca hacemos algo por nosotros, y para los otros, si no que esperamos a alguien para seguirlo para ver que puede regalarnos con su sacrificio?

Empecemos a ordenar el cuento; desde un comienzo la sumisión de la mayoría le ha dado u otorgado poder al más fuerte, desde la prehistoria la sumisión de la hembra se basaba en la golpiza del macho. En la época de las cruzadas sólo las familias aristocráticas ocupaban los puestos dentro de la iglesia, pagaban por sus pecados con tierras y dinero, mientras que los pobres mendigaban las sobras, de los que talvez, no pecaron mucho para que les sobrase algo, etc.

En nuestra época los gobiernos que sugieren la democracia del hombre envuelta en el triste voto individual de la ciudadanía, prometen solucionar muchas cosas, que se han provocado por la subordinada actuación de nosotros mismos, por la poca capacidad de presión hacia los estamentos correspondientes, y claro por la real incompetencia de los encargados de la sociedad en toda su amalgama de conexiones posibles. Lo que nos deja desechos en lo mismo, seguir aceptando… pero si en realidad el ser humano que se ha visto envuelto en distintas revoluciones, por la sofocación de lo que estaba mencionando, decide en forma conjunta el reclamo por lo propio o por lo que entendemos por propio, talvez se provocarían cambios, los cuales re plantearían las bases de nuestra civilización, entendiendo que de una forma u otra, no es equitativa y emprendedora (palabras bastante ocupadas en este momento), sino contrariamente esclavizadoras y subyugantes. Por eso espero un sano colapso que estimule a masas ordenadas e inteligentes que puedan reflexionar y a su vez aplicar una opinión que pueda provocar una verdadera oportunidad de cambio, y si no que Dios se aburra de nuestra inconciencia y decida rescatarnos…

Inicio del clásico del Cine, Metrópolis (Fritz Lang, Thea von Harbou; 1926)

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