Noche Carreteras: “Toda acción tiene su reacción”

Noches carreteras:  “Toda acción tiene su reacción”

Por Paulo Sandoval

¿Cual es el costo de nuestros actos, en las noches de esta pequeña ciudad? Porque querámoslo o no, toda acción tiene su reacción, y el carretero impaciente por acapararlo todo, cae siempre por el peso de sus actos; por ello, como no acordarme de mi tercer año de universidad, cuando todo era caos ferviente y rotundo, cuando los días eran noches y las noches eran más oscuras y ridículas que una función de enanos, todo acompañado de litros de vino, cigarros sin marca, y claro, como olvidar la típica piscola.

Si he de ser sincero la jornada me buscó desde la primera semana de clases… mi departamento fue visitado por todos mis compañeros, había nostalgia en ocasiones, esa que sólo te puede entregar la música de “Coldplay”, un balcón en el décimo piso y una resaca permanente… Dentro de sus murallas sucedió de todo, del amor al odio, pero eso es parte de la juventud, que no entiende su propósito, y al final se olvida, como todo. Recuerdo cuando terminabas de ver la caída del sol junto a un cigarro y una buena conversación, mientras veías el transitar tortuoso de la gente al trabajo atareado con un sin numero de preocupaciones, mientras tu dabas las gracias a tu exquisita inmadures, después ya cuando todos eran unos monos energúmenos, llegaba el amigo a el cambio de ambiente, mientras todos daban las gracias por la hermosa jornada diurna se retiraban gritando y riendo de mi morada, y luego yo me iba todo raja al carrete nocturno, mientras recibía el castigo verbal de mi amigo pimpel, “como podí ser tan curao, etc.”

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Luego cuando llegábamos a la casa de la amiga de mi amigo “la Tania”, también conocida como “britanics” y demases nombres sin sentido, llegábamos como los “cara de raja” que éramos, aun así yo un poco mas piola por mi curadera ridícula y mi intento de compostura sobria. Luego llegaban los invitados y ya con una piscola ya empezaba a amenizar con el resto de los compatriotas nocturnos, los afanes pendejos por poder durar un poco más y a su vez, beber un poco más, lograban durante un prolongado tiempo de esos carretes hacerme colapsar y mostrar lo más grotesco de mi esperpenta condición humana. Por ejemplo, la vez que vomité sobre mi camisa y al mismo tiempo que trataba limpiarme en el baño, caía sobre la ducha pasando a llevar la llave quedando notablemente mojado. O esa vez que mi tolerancia colapso y llene de chuchadas a la hermana menor de la dueña de casa, lo cual lamento todavía. Todas aquellas ocasiones ridículas, fueron algo de vida para mí, de seguro para alguien más…

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2 comentarios

  1. jajajajajajajajajaja…… pastel

  2. jajja Viejo me has dejado con un nudo en la garganta con tu relato de vida …

    Pd: Voy en tercero de Universidad XD


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